
"Belo Horizonte, capital de Minas Geraes, la ciudad creada de una sola vez
Diez días he vivido en la ciudad bien nombrada, que tiene el horizonte espacioso, para holgura de las vistas y del alma; que , por no tener aire seco y agudo, me ha hecho recordar la bocanada que respiramos en los Andes y que, además, es la patria de las rosas americanas más perfectas que haya cojido mi mano de vieja jardinera.
Pero los mineros no tienen solamente cielo, clima y flores, que son dones gratuitos, sino también lo que no se recibe de la suerte, lo que se crea voluntaria y voluntariosamente: una ciudad de 43 años hecha y derecha.
[...]Las ciudades nuevas que he visto habían sido pobladas tan rápidamente como Belo horizonte; pero la civilidad fina y la costumbre acendrada no acudían aún, pues ambas cosas son señoras muy lentas en se acudir.
[...]
No sé de quién partió en su origen esta fantasía que parece salida de cuento o materia de cuento. Quien fuese, alasbémosle por la ocurrencía, por la bizarríade pensarlo y en la intrepidez de hacerlo. A ese inventor se le dan las gracias por cada uno de los barrios recorridos, por los cuadriláteros igualmente soleados y libres de vejestorios, de fealdad y de confusión. "
Del libro "Gabriela anda por el mundo"
Es un relato de 1943. Mucho ya ha cambiado la ciudad. Pero aun puedo decir, aunque ahora haya mucha confusión, (e innúmeros problemas que no previó el inventor, Gabriela): aún es una ciudad hermosa, donde la gente respira modernidad y ajetreo, pero que aun huele a mezcla de café con rapadura. Antigüo sabor de pan de queso - que ahora viene en saquitos de plásticos, propios para congelar y con minucioso manual de instrucción - hecho en horno de barro.